Advent: JOY

The Second Wind

[Español Abajo]

During my college years, I was involved in a Born Again in the Spirit movement.  It is an evangelical movement that focuses on feeling the Holy Spirit.

Let me back up a moment...during high school and college I was an oddball. I was definitely a church goer.  I was active in Young Life, Campus Crusade, and other Christian clubs within my high school and college.

I was also an advocate for the Civil Rights movement and a pacifist.  I believed anyone could do anything no matter their color of skin, their genitalia, or their religion.  But I loved Jesus fervently as a young idealist and that confused people.

Evangelical Worship - Shutterstock image license

In college I was born again in the Spirit.  I felt such euphoria.  I prayed in tongues.  I sang songs to praise my Lord (yep, I thought of Jesus as MY Lord).  It was joyous.  It really was, but - again - I was an oddball.

Two important things happened:  In my euphoria, Mama kept talking to me expressing her wish to feel as joyous as I did; so, I pondered how to give my loving mother this feeling.  I had no idea.

Then my prayer group heard that I thought there was something to ESP, because I knew an elder in my folks' church who had it.  He never took money, he talked of auras, and he helped a few times to find people who were missing…and he was a good man.  

So the prayer group "elders" (all men), decided I needed the devil exorcized from me.  I went through their “rite” and told them I was better… I WAS better because I never went back.  I stayed friends with most of them for a while.  

My eyes were opened and I could see.  I realized that in all the conflicts my mother had in her life, she always worked on herself to resolve them, not the other person… and she would never have been so closed minded… because she had love.

I never regretted my decision because as I grew older, I also realized that in all the times we were speaking in tongues we were never speaking about the segregation of the town we were in and how to end it.  As we raised our hands in praise we were never reaching our hands out to the lonely, the poor, etc.  As we felt the euphoria in our hearts, we were never feeling the pain of the Vietnamese that we waged war against.  We only focused on ourselves and that wonderful feeling. 

Paul summed up the dangers of what would be the Born Again in the Spirit movement.  He ended it with these words…

And now these three remain: faith, hope and love. But the greatest of these is love.*

Joy IS wonderful.  Glimpses of joy can give us that second wind to keep going, but the greatest of them is love.  True joy comes at the oddest times…announcement of a birth, a burst of beauty in a dull place, the hug of a loved one, the grin of a devilish grandson, and so forth.  But that kind of joy frees our hands in order to help, looses our tongues to give words of comfort, and breaks our hearts for love to creep in.

-Kathleen 

*I Corinthians 13:13

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1980s Participating in Peace Protests

[English Above]

Durante mis años de universidad, participé en el movimiento Nacido de Nuevo en el Espíritu.  Es un movimiento evangélico que se enfoca en sentir el Espíritu Santo.

Permítanme retroceder un momento... durante la secundaria y la universidad yo era un bicho raro. Definitivamente iba a la iglesia.  Era activa en Vida Joven, Campus Crusades, y otros clubes cristianos dentro de mi escuela secundaria y universidad.

También defendía el movimiento de los derechos civiles y era pacifista.  Creía que cualquiera podía hacer cualquier cosa sin importar su color de piel, su género o su religión.  Pero amaba fervientemente a Jesús como joven idealista y eso confundía a la gente.

En la universidad volví a nacer en el Espíritu.  Sentí tanta euforia.  Oraba en lenguas.  Cantaba canciones para alabar a mi Señor (sí, pensaba en Jesús como MI Señor).  Era gozoso.  Realmente lo era, pero - de nuevo - yo era un bicho raro.

Sucedieron dos cosas importantes:  En mi euforia, mamá no dejaba de hablarme expresando su deseo de sentirse tan alegre como yo; entonces, me puse a pensar cómo darle a mi querida madre este sentimiento.  No tenía ni idea.

Entonces, mi grupo de oración se enteró de que yo pensaba que había algo de la percepción extrasensorial, porque conocía a un anciano de la iglesia de mis padres que lo tenía.  Nunca aceptaba dinero, hablaba de auras y ayudó varias veces a encontrar a personas desaparecidas... y era un buen hombre.  

Así que los “líderes” del grupo de oración (todos hombres, lo que yo había planteado varias veces como no igualitario), decidieron que yo necesitaba que me exorcizaran el demonio.  Me sometí a su "rito" y les dije que estaba mejor... ESTABA mejor porque nunca volví.  Seguí siendo amiga de la mayoría de ellos durante un tiempo.  

Se me abrieron los ojos y pude ver.  Me di cuenta de que en todos los conflictos que mi madre tuvo en su vida, siempre trabajó en sí misma para resolverlos, no en la otra persona... y nunca habría sido tan cerrada de mente... porque tenía amor.

Nunca me arrepentí de mi decisión porque a medida que crecía, también me di cuenta de que en todas las veces que hablábamos en lenguas nunca hablábamos de la segregación de la ciudad en la que estábamos y de cómo acabar con ella.  Cuando levantábamos nuestras manos en alabanza nunca tendíamos nuestras manos a los solitarios, a los pobres, etc.  Mientras sentíamos la euforia en nuestros corazones, nunca sentíamos el dolor de los vietnamitas a los que hacíamos la guerra.  Sólo nos centrábamos en nosotros mismos y en esa maravillosa sensación. 

San Pablo resumió los peligros de lo que sería el movimiento Nacidos de Nuevo en el Espíritu.  Lo terminó con estas palabras...

Y ahora quedan estos tres: fe, esperanza y amor. Pero el mayor de ellos es el amor.*

La alegría ES maravillosa.  Los destellos de alegría pueden darnos ese segundo aire para seguir adelante, pero el mayor de ellos es el amor.  La verdadera alegría llega en los momentos más extraños... el anuncio de un nacimiento, un estallido de belleza en un lugar aburrido, el abrazo de un ser querido, la sonrisa diabólica de un nieto, etcétera.  Pero ese tipo de alegría libera nuestras manos para ayudar, suelta nuestras lenguas para dar palabras de consuelo, y rompe nuestros corazones para que se cuele el amor.

-Kathleen 

*I Corintios 13:13

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